En el Día Mundial de la Nutrición hemos entrevistado a Arantxa Areta, health coach, sevillana e hija de padre vasco y madre catalana y que actualmente vive en Ibiza. Con 16 años empezó a viajar por el mundo trabajando como modelo. Ahora su vida es totalmente distinta, con casi 35 mil seguidores en Instagram ha escrito un libro de recetas y ofrece un curso de 21 días para la reeducación de hábitos donde enseña todo lo que ha aprendido sobre salud. Afirma que la cocina le apasiona desde pequeña y que para ella era una forma de compartir el amor.

Arantxa Areta. Fotografía cedida.

¿Cómo surgió la idea de publicar “La cocina de Areta: las recetas de mi familia adaptadas a la alimentación alta en grasas”? ¿Algún día imaginaste que publicarías un libro así?
Llevo escribiendo mis recetas desde que tengo siete u ocho años en un cuaderno. Siempre he sido muy ‘cocinillas’ y siempre he tenido la ilusión de escribir un libro. Después empecé a cocinar desde esta nueva perspectiva, una alimentación alta en grasas. La verdad es que estaban las ganas, pero el motor han sido las personas que me siguen en redes y las ganas que yo tenía de cocinar sin hidratos para mantenerme saludable. Quería compartir mi estilo de vida, a mí me ha ayudado mucho a sentirme bien.

Antes te dedicabas al mundo de la moda y la imagen, ¿ahora mismo en qué te mueves?
Me he hecho socia de Ringana porque me gusta mucho la cosmética natural, pero mi proyecto es el curso de reeducación de hábitos saludables, es lo que he creado y acompaño a las personas a que cambien su estilo de vida, o por lo menos lo intenten. Es el programa de 21 días, donde entra la alimentación, meditación, cosmética, hábitos como aprender a descansar y tener un sueño reparador…Son muchas pautas que voy compartiendo para que otras personas tengan más información. Por eso comparto NaturBrush también, por ejemplo, a mí me ha servido y creo que es beneficioso.

Portada de su libro. Fotografía cedida.

¿Cómo ha cambiado tu vida?
Ha sido un cambio muy grande, yo vengo del mundo de la moda y mi interés era más bien estético al principio. Siempre he sido muy ‘hierbas’ y me ha gustado aprender. Lo más grande que he hecho ha sido el curso de 21 días; crear el contenido y volcar lo que he aprendido en años de formación, darle forma e imagen…

¿Cómo funciona el programa de 21 días?
Es un curso online. Hacemos una consulta inicial y después en un grupo cerrado compartimos información. Nos reunimos semanalmente para hablar todos juntos, preguntar, etc. Es algo muy experiencial y mi intención con los demás es acompañar y compartir.

Ahora estoy formándome como terapeuta corporal integrativa y estoy tratando muchas cosas. Ayer en el grupo trabajamos la exigencia y la comparación. Hay un trabajo físico, emocional, mental y energético. Es muy bonito y gratificante cuando te vuelven a escribir después de un tiempo.

En tu perfil se nota el cariño y apoyo de la gente…
Tengo mucha suerte con la gente que me sigue, la verdad. No tengo una estrategia detrás y nunca la he tenido, siempre lo comparto todo tal cual lo siento, si me levanto con la cara hinchada es lo que hay y lo saco. La gente que está conmigo está porque les gusta e interesa. Hay gente muy fiel, están desde el comienzo y han hecho grandes cambios. Mi experiencia para ellos ha sido motivación, un incentivo, y lo comparten conmigo y eso es maravilloso.

El curso y el libro nacen del concepto que he creado, la cetobiótica. Vengo de la macrobiótica y la que he combinado con la cetogénica. Me encanta porque además la gente utiliza la palabra cuando me etiqueta.

¿Cómo cambió tu visión de la vida tu experiencia en Tailandia?
Para mí Tailandia significa un lugar donde estar en contacto conmigo y donde me formé en masaje tailandés y otras dinámicas corporales. Viví allí dos años en total y sigo yendo todos los años, voy de tres a cinco meses. Tailandia me conectó con la meditación y la necesidad de estar conmigo, al silencio. Yo era muy extrovertida, muy hacia fuera.

Voy a un monasterio hacia el norte y me aparto. También fue profundamente inspirador en la cocina, hay platos en los que utilizo hierbas aromáticas de allí, por ejemplo. Mi maestro de alimentación cetogénica lleva 35 años yendo allí y fue la primera vez que la probé. Dio un rumbo diferente a mi vida.

¿Qué te impulsó a cambiar tu estilo de vida?
Realmente fue un golpe emocional por una relación. Me hizo ver que no sabía gestionar mis emociones y que iba con el piloto automático, acelerada y desconectada de mí, estaba sufriendo. Ahí empecé la terapia, fui a Tailandia y empecé a trabajar en el autoconocimiento. A veces nos conectamos con el sufrimiento, la pesadez, tenemos que ver desde dónde hacemos las cosas…Esto fue en el año 2010. Hay tres patas que no se pueden obviar: alimentación, meditación y trabajo emocional. Cada uno puede ir por donde vibre.

Uno de los lemas de NaturBrush es “convertir pequeños gestos cotidianos en gestos sostenibles” porque todas las acciones cuentan. ¿Qué opinas de nuestro proyecto?
Me parece una maravilla, hay mucho que abordar, pero el plástico es uno de los grandes problemas y con consciencia, gestos diarios y sobre todo con el cambio de las grandes empresas en los materiales que utilizan, se puede conseguir. Es un proyecto honesto, comprometido, desde el corazón. No es el producto, es el mensaje. El producto es una parte comercial importante para sostenerse, pero imagina todos los cepillos de dientes de plástico que se arrojan, tenemos otro material y podemos hacer alternativas más sostenibles.